Semana N.º 4 - Historias del Frente de Stormfall

Día Veinte:

Aún no sé qué está pasando en Stormfall, pero esta es la tercera pared de cuatro en la que puedo escribir (a menos crezca dentro de poco y pueda llegar al techo). Dividí mis paredes en secciones para cada día. Los guardias, al menos creo que son guardias, siguen vigilándome. Abren la puerta, alumbran la sala para verme y se van. Dos veces esta mañana me han dado otro trozo de papel que se me da "bien" estar en silencio... ¡a saber qué significa eso! Es como si me estuviesen entrenando para algo. He estado buscando una salida, cualquier salida. Ahora ya casi no me importaría tener que volver a reencarnarme. ¡Estoy bastante seguro que las cosas no pueden irme mucho peor!

Día Veintiuno:

Primero de todo voy a dar la gran noticia, y es algo de lo que aún no estoy seguro si estoy contento o no: ¡Soy un Silencioso, un miembro de las Umbras! Esta mañana, o esta noche, (en algún momento de la oscuridad, entre cuando escribí mi última entrada y ahora), vinieron a buscarme. Me pusieron sobre sus hombros y me llevaron a través de los salones de Everdeep. Yo diría que me llevaron en hombros unas dos o tres horas, caminando directamente por el vestíbulo. Nunca me hubiese imaginado que un solo vestíbulo pudiese ser tan grande, era increíble. Nadie dijo una palabra en todo el tiempo; ni un solo ruido. A pesar de que había un pie de agua en el suelo, el guardia que me llevaba encima no hizo ningún ruido. Fue surrealista. Hoy he conseguido verme por un instante, vestido totalmente de negro, con armadura de cuero, debo decir que tengo un aspecto bastante apuesto; al menos en comparación con mi viejo yo enano. Me entregaron mis herramientas de trabajo. Mañana es mi iniciación; formación, creo. Estoy emocionado.

Día Veintidós:

¡El primer día de mi iniciación en el gremio de los Silenciosos! ¡En primer lugar en el orden del día, como siempre, estaba estar en silencio! Dondequiera que vayas por los salones, hay recordatorios de que el peor crimen que puede cometer un Silencioso es ser capturado, y ser capturado suele venir después de que te oigan antes de que te vean. "Uno puede cerrar los ojos, pero uno nunca puede cerrar sus oídos", está inscrito bajo la insignia. Es todo un poco raro para mí, pero mientras les haga felices a mí ya me va bien. ¡A mí ya me basta con un "si te pillan, te matan" para mantenerme alerta! Me enseñaron el sitio, pero eso fue todo. Pude contemplar en silencio a mis hermanos Silenciosos, y ellos me contemplaron en silencio. Creo que en el fondo y silenciosamente, les caigo bien.

Día Veintitrés:

¡Primer día de entrenamiento! Un grandullón me dio mi primera lección de hoy. Caminó hasta el final del pasillo, a través de charcos de agua, lleno de cadenas repletas de cristales y metal, y a pesar de ello, no hizo ni un ruido. Una vez estuvo en el otro lado, me hizo una señal para que hiciese lo mismo. ¡Doy un paso y ruido! Lo intenté de nuevo y volví a fracasar. Tres horas más tarde, al fin lo conseguí. ¡No hice ningún ruido en absoluto! Creo que estoy empezando a entender de qué va todo esto de los Silenciosos, me sentí muy satisfecho conmigo mismo. Me sentí poderoso. El próximo día de entrenamiento es mañana, el grandullón señaló hacia afuera de la ventana hoy, así que supongo que me enviarán fuera a una misión. Pero vete tú a saber qué es lo que pasa.

Día Veinticuatro:

¡Segundo día de entrenamiento! Me encantó, tuve éxito y me divertí como nunca. Mi instructor me dio un mapa pequeño de un lugar muy lejos de aquí, con un retrato de uno de los espías de Balur en él. Un trozo de papel me dijo que recopilase información, como una prospección de un lugar, pero altamente ilegal y al amparo de la noche; a fin de averiguar qué estaba pasando en ese castillo. Abandoné los salones de Everdeep; inmediatamente al entrar en el mundo exterior, me sentí diez veces más ligero y rápido que nunca me había sentido antes; Me las arreglé para colarme en las sombras, pasando completamente inadvertido, y una vez allí, robé algo de comida de su señor y todo antes de continuar con mi misión. Pensándolo bien, debería haberle envenenado allí mismo... De todos modos, estaba recogiendo datos, apuntando mis conclusiones, cuando uno de los espías de Balur me vio, era el del retrato que me habían dado. Inmediatamente supe qué hacer. Instintivamente, intuitivamente, intrínsecamente, supe qué hacer. Mis piernas me impulsaron hacia arriba en el techo, en las sombras, donde el espía de Balur no podía verme. Él parecía estar desorientado y hecho a correr hacia la puerta. Fue entonces cuando salté encima de él y me lo cargué. Un corte rápido y preciso en el cuello y todo se acabó. ¡No veas que subidón! Volví a casa antes de que saliese el sol y eso fue todo. Mi entrenador asintió con la cabeza, con aprobación (creo). ¡Me pareció que estaba impresionado! 

Día Veinticinco:

Desde esta mañana, ya soy oficialmente un miembro del gremio de los Silenciosos. Me desperté en la oscuridad como siempre... ¡Y mojado! Poco a poco me estoy acostumbrando al hecho de que aquí todo el mundo duerme en charcos de agua, encima de las piedras y en total oscuridad. Es un poco desalentador, pero parece ser que te ayuda a estar en silencio, al menos espero que toda esta locura tenga algún sentido. Así que me desperté con el ruido que hizo la puerta de mis aposentos al abrirse, con una única y solitaria llama parpadeante en el vestíbulo. ¡Salí a apagar la llama y fue entonces cuando lo vi! Debía de haber unos diez mil los Silenciosos allí, mirándome. Uno de ellos, el más cercano, el que llevaba el casco dorado, supongo que es importante, me entregó un trozo de papel (como de costumbre). Me dijo que ya era oficialmente un Silencioso y un miembro de la Hermandad para siempre. ¡También había instrucciones de cómo hacer el apretón de manos oficial de los Silenciosos, en caso de tener que identificarme en el futuro! Aunque no acabé de entenderlo, era demasiado complicado para mí. Tal vez otro día... A lo que iba, me miraron mientras lo leía. Luego, cuando terminé, aún me estaban mirando todos. No estaba seguro de si tenía que hablar, pero pensé que estaría mal visto, no es su estilo, por supuesto. Así que, tentativamente, y en señal de celebración, me limité a alzar mi brazo derecho. Me imitaron. Ahora había unos diez mil Silenciosos alzando su brazo derecho en el pasillo. Sostuve esta posición durante unos veinte o veinticinco segundos al igual que ellos, en silencio. Entonces me di la vuelta y empecé a caminar de nuevo hacia mis aposentos, ahora un miembro oficial del gremio de los Silenciosos. Se alejaron, todavía en silencio. No estaba seguro de si hice el ridículo o si se trataba de una respuesta normal, pero supongo que realmente se toman todo eso de ser Silenciosos demasiado en serio y demasiado literalmente.

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