Stormfall: Cartas del Reino: Semana 2

Día Seis: 

Que le vamos a hacer, es lo que hay. El castillo de Lord P— fue saqueado por otro Lord, no dejaron a nadie de la guarnición con vida y se llevaron sus bienes y enseres. Nos masacraron. Como Unidad Ofensiva, no pude hacer nada para detener la masacre. ¿Hice lo que pude, claro está, pero qué se puede esperar de un hombre con un palo afilado? Ahora espero mi regreso a Stormfall en una forma mejor - quizás esta vez los dioses me asignarán a un Lord que no necesite un mapa para encontrar su propio trasero. ¡Espero que Balur le ponga sus garras encima! 

Día Uno, segunda encarnación:

Esto no me lo esperaba. Soy un Enano. Los dioses han tenido a bien devolverme al mundo de los vivos como un Jinete de Oso al servicio de Lord D—, un Lord verdaderamente poderoso y miembro respetado de una influyente Liga. Mamá estaría orgullosa de mí, pero ser un Enano es más difícil de lo que pensaba. No es todo barbas y beber sin parar como en las canciones... están los calzoncillos de cota de malla y el hecho de que no hacen letrinas pensando en nosotros. Me han apostado como guardia en las murallas, pero se comenta que puede que nos envíen a defender las posesiones de Lord D—. Mi Lord controla un Asentamiento de Minas de Zafiro y tiene a más de un Lord menor bajo Asedio. Los Castillos Asediados no se ocupan ellos solos, y algo me dice que voy a hacer uso de esta hacha dentro de poco… 

Día Dos:

Al fin un poco de acción, pero no se puede decir que me lo haya pasado bien. Un maldito inútil de Lord de poca monta pensó que seríamos presa fácil y envió un puñado de idiotas medio muertos de hambre a atacar nuestro Castillo. Ni se molestó en enviar Silenciosos, ni exploradores, ¡nada! ¡¿Te lo puedes creer?! Seguro que se limitó a señalar con su mano, dijo "tomad ese Castillo" y los puso en camino. Así como acabamos con ellos casi me dieron lástima y todo… Murieron antes de estar a tiro de Balista. Mejor suerte en la próxima vida, muchachos... Esta noche brindaremos por vosotros y por todos aquellos que están a merced de inútiles.

Día Cuatro:

Mi buen señor, Lord D— ha estado recibiendo muchos mensajes de otros Lords de su Liga, desconozco qué decían pero el Heraldo se ha pasado toda la mañana entrando y saliendo del Torreón. Hoy no hay batallas para mí, pero ya me va bien porque quería afilar mi hacha y lubricar mi barba. Mi Lord ha enviado una fuerza de Unidades Ofensivas a los bosques de aquí cerca para enviar de vuelta en pedacitos a su señor oscuro a esa escoria Orca. Me he hecho amigo de un Paladín que marcha con ellos y me ha dicho que intentará traer algún brebaje orco si puede. Espero que sí. Mi ropa interior ha empezado a oxidarse y pica que no veas.

Día Cinco:

Por las barbas de Bran, ¡Vamos a la guerra! Mi Lord ha enviado al ataque a casi todas nuestras fuerzas ofensivas hoy. ¡Creo que vamos a atacar una de las Almenaras! He oído que nuestra Liga tiene tres de Nivel Cinco, ¿pero una cuarta? ¿Es eso posible? No me cabe duda alguna de que vamos a prevalecer, los Dragones de Lord D— prácticamente tapan el sol, pero seguro que será una batalla encarnizada, y hacerse con la Almenara es lo fácil. Protegerla va ser cosa mía y de mis muchachos. Esta noche rezaremos por el favor de Ran y Bran, y esperamos noticias de la batalla. Estamos listos.

Día Siete:

¡Al fin! ¡Tenemos noticias de la Almenara! ¡Hemos sufrido bajas brutales, pero hemos salido vencedores! Nuestro Lord D— y sus más allegados aliados de la Liga acabaron con el enemigo con la tercera oleada. Los ocupantes anteriores han jurado venganza, claro está. ¡Ja! Que lo intenten, solo dos de cada diez de sus unidades sobrevivieron a la batalla. Tendrán suerte si pueden ocupar un Poblado Agrícola con lo que les hemos dejado. Ahora me toca a mí: Enanos, Demonios, Arqueras e incluso Grifos se están preparando para defender nuestra nueva posesión. No hay duda de que estaré entre ellos... Escribiré más cuando esté seguro.

Día Ocho:

No puedo escribir mucho ya que hemos estado caminando desde que salió el sol. Aún nos quedan dos leguas enteras. Estoy muy cansado, pero tengo tiempo para pensar en lo que nos espera. Ataques de Ligas rivales, oleada tras oleada de hordas de Orcos del Abismo de Balur, mala comida e interminables guardias. Y no hay nada en juego, excepto, el fin del maldito mundo. También he oído que las Almenaras son muy altas... y a mí nunca se me han dado bien las alturas. 

Día Nueve:

¡Hemos llegada a la Almenara! No parece mucho, te hace pensar a qué viene tanto alboroto. Oh, es magia... magia antigua. Seguro que sí. Tengo todos los pelos de la barba de punta desde que llegamos. Nuestras armas parecen estar más afiladas y nuestra vista es más aguda. Aquí hay poderosos encantamientos. Aún así, esto se desmorona casi tan deprisa como lo reparamos. No tenemos mucho tiempo para preparar las defensas, hemos avistado a los exploradores del Señor Oscuro husmeando en las sombras cerca de nuestra primera línea. No tengo muchas ganas de que caiga la noche. Pero ya queda poco...

Día Once:

La primera oleada de Orcos atacó pasada la medianoche y sufrimos pocas bajas. Creo que se trató de un asalto de prueba, para sondear nuestras defensas. Nos atacaron con todo lo que tenían al salir el sol y derramamos su sangre negra sobre las losas de la Almenara, y por los dioses, huele que apesta. Pero eso no es lo peor de todo, después vi algo que me ha quedado grabado para siempre. Cada gota de sangre orca que derramamos se escapó por las grietas de los cimientos, como si estuviese viva. Parecía como si la Almenara se estuviese alimentando de ella. No quedó ni una mancha como prueba de ello. Un Nigromante de nuestro Lord se dio cuenta de que me fijé en ello antes de ir a atender a los heridos. No me gustó nada. Y ya me gustan poco en un buen día. Me he ofrecido voluntario para la avanzadilla... Creo que voy a dormir en tierra de verdad esta noche.

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